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Eslalon en kayak con dos pulgares: mantén las dos palas para ir recto, una sola para trazar. El mismo río siempre, así que el crono es honesto.
Las mitades izquierda y derecha del río son tus dos palas. Mantén las dos y el kayak va recto y rápido; mantén solo una y traza hacia el lado contrario sin dejar de avanzar. Si sueltas, te lleva la corriente.
El agua corre más rápido por el centro del canal y está casi quieta en las orillas, así que la línea rápida y la segura rara vez coinciden. Ir por el centro es veloz pero te deja poco tiempo para encarar.
Hay que tomar doce puertas en orden. Diez son puertas normales a favor de la corriente, dibujadas en verde. Dos son puertas contracorriente, en naranja: tienes que pasarlas de largo, girar el barco y volver a subir por ellas contra el flujo antes de seguir.
Rozar un palo suma dos segundos y perder una puerta suma diez, ambos sobre tu tiempo de carrera. El río, la corriente y las puertas son idénticos en cada intento, así que nada queda al azar y el cronómetro lo dice todo.
Gobierna con toques cortos de una pala, no con apretones largos. El kayak sigue girando después de soltar, así que medio segundo de un solo lado suele valer por una puerta entera de corrección. Los principiantes mantienen una pala hasta que la proa apunta a la puerta, y para entonces ya la están pasando de largo.
Cruza la corriente pronto, no tarde. Como el flujo es rápido en el centro y nulo en las orillas, un barco que cruza el canal es arrastrado río abajo mientras se desplaza de lado. Empieza a moverte hacia el lado de la siguiente puerta en cuanto dejes atrás la anterior y llegarás encarado en vez de llegar rápido y de lado.
Para las dos puertas naranjas contracorriente, usa el agua muerta. Remontar por el centro es pelear con la parte más rápida del río; pégate a la orilla más cercana, donde la corriente es casi nula, sube por ahí y entra a la puerta de costado. Así lo hacen los palistas de eslalon de verdad y aquí ahorra varios segundos.
Perder una puerta cuesta diez segundos y un palo solo dos, así que si vas media eslora fuera de línea, prefiere el roce a la pérdida. Pero haz la cuenta al revés en las dos últimas puertas: con la meta cerca, a veces perderla cuesta menos que el tiempo de dar la vuelta, y la bajada siempre acaba, porque cada puerta tiene además su propio límite de catorce segundos.