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Esquía fuerte y te temblarán las manos. Tres vueltas, cinco disparos en cada una: cada segundo que ganas en la pista lo pagas en la galería, y cada fallo cuesta cinco.
Mantén pulsado el botón para empujar en el tramo de esquí y suéltalo para deslizarte. Empujar es más rápido pero sube el pulso y vacía las piernas; deslizarse recupera ambas cosas. Si te quedas sin piernas, el pulso sube aún más con el mismo esfuerzo.
En la galería el botón se convierte en el gatillo. La puntería deriva en un ocho lento cuyo tamaño lo marca tu pulso: tranquilo y la cruz apenas sale del blanco, ahogado y se va muy lejos. La cruz se pone verde cuando está sobre el blanco: ese es tu momento.
Tienes cinco disparos y siete segundos por galería, con una recarga breve entre tiros, así que un pulso alto te cuesta el doble: menos oportunidades por segundo, y cualquier disparo que no llegues a hacer cuenta como fallo. Quedarte quieto baja el pulso, pero el reloj de la galería y el de la carrera siguen corriendo.
Tres vueltas, quince disparos. Tu tiempo es el reloj más cinco segundos por cada fallo, y cuanto menos, mejor.
Lo primero que hay que interiorizar es que la pista y la galería son un solo sistema, no dos. Una vuelta esquiada a tope llega al puesto cerca de doscientas pulsaciones, y ahí la cruz oscila tanto que cruza el blanco solo una vez cada dos segundos y medio. Ganaste segundo y medio en la nieve y devolviste cuatro esperando a que la puntería volviera. Las mejores carreras no son las de vueltas más rápidas.
Usa el deslizamiento. Soltar el botón en el último tramo antes del puesto cuesta muy poca distancia, pero baja el pulso antes incluso de llegar y rellena las piernas para que la vuelta siguiente no empiece vacía. Llegar tranquilo vale más que llegar pronto, porque el pulso cae despacio una vez estás parado: una constante de tiempo de unos cinco segundos, casi todo tu reloj de siete.
En la galería, resiste el impulso de disparar en cuanto la cruz se ponga verde si va barriendo rápido. El tiro que falla suele ser el del borde del blanco con la puntería en movimiento. Espera un paso en el que la cruz cruce por el centro en vez de rozar el canto; con un pulso moderado esas ocasiones llegan lo bastante seguidas como para que saltarse una cueste bastante menos de un segundo, mientras que fallar cuesta cinco.
Mira la barra de piernas, no solo el pulso. Vaciar las piernas activa una penalización extra sobre el ritmo cardiaco, así que la tercera vuelta de una carrera en la que te fundiste en las dos primeras es brutal: esquías más lento y disparas peor a la vez. Gasta las piernas donde más rinden, normalmente al principio de cada vuelta, y llega deslizándote a todos los puestos.