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Dominó

Dominó clásico de doble seis contra la IA. Encaja una ficha en un extremo abierto de la línea, roba cuando te atasques y sé el primero en quedarte sin fichas. Vence a la IA y haz una racha.

Cómo jugar

Tú y la IA roban siete fichas cada uno; el resto forma el pozo. Por turnos, añade una ficha a cualquiera de los dos extremos abiertos de la línea.

Una ficha es legal si uno de sus dos números coincide con el número del extremo abierto. Toca una ficha jugable para colocarla; si encaja en ambos extremos, toca el extremo que quieras. La primera ficha de la partida va donde sea.

Si no tienes ficha legal, toca Robar para sacar del pozo hasta poder jugar. Cuando el pozo está vacío y aún no puedes mover, tu turno pasa.

El primero en quedarse sin fichas gana. Si la partida se traba sin que ninguno pueda jugar, gana la mano más ligera —menos puntos en total—. Cada victoria alarga tu racha, que es tu puntuación.

Consejos y estrategia

Cuenta los palos, no solo las fichas. Con siete dominós sueles tener un exceso de un número y escasez de otro; lleva los extremos abiertos hacia el número que tienes de sobra y seguirás jugando mientras la IA se ve forzada a robar. Toda la partida es una pelea callada por qué dos números quedan en los extremos.

Los dobles son fichas trampa, porque solo casan con un número y no pueden cambiar un extremo. Si tienes el seis doble... digamos el cinco doble, solo lo sueltas cuando se ve un cinco, así que juega tus otros cincos con cuidado y mantén un cinco disponible en vez de bloquearte tu propia ficha más pesada.

Cuando no puedas vaciar tu mano, planea perder ligero. El desempate del juego trabado son los puntos totales, así que cuando el tablero parezca que va a cerrarse, suelta tus fichas grandes —el seis-seis, seis-cinco, seis-cuatro— pronto, aunque una más baja también jugara. Una mano de sobras pequeñas gana los empates que una de pesadas pierde.

Observa lo que roba la IA. Cada vez que va al pozo te dice que le faltan ambos números de los extremos, así que si mantienes los dos extremos en los números que acaba de fallar, ahogas sus opciones y la fuerzas a robar más. Al final de la mano, negarle el palo que necesita suele valer más que apurar tu propio recuento.