Come la comida y crece.
Desliza (o usa flechas) para mover la serpiente.
Come la comida roja para crecer y ganar puntos.
Si chocas con la pared o tu propio cuerpo, fin del juego.
La serpiente nunca se vuelve más difícil de verdad: lo hace tu propio cuerpo. El hábito que más alarga una partida es moverse por carriles estrechos y girar justo en los bordes del tablero, dejando el centro libre para cuando la comida aparezca en un sitio incómodo. Quien deambula por el medio se encierra enseguida cuando la cola pasa de una docena de segmentos.
Cuando ya seas largo, deja de perseguir la comida en línea recta y piensa dónde estará la cola dos giros más adelante. Un patrón fiable es recorrer el tablero por filas, como cortar el césped, para que la cola te siga ordenada y casi nunca cruces tu propio camino. Cuando la comida cae en un hueco estrecho, suele ser más seguro dar el rodeo que lanzarte y atrapar tu cabeza.