Score 0
Best -
Diez Ofertas

Diez Ofertas

Lo tomas o lo dejas, y lo que dejas no vuelve nunca.

Cómo jugar

Llegan diez ofertas de una en una. Si aceptas una, la ronda termina de inmediato; si pasas, esa oferta desaparece para siempre. Si pasas de las diez, te obligan a quedarte con la última. Cada ronda tiene un listón: tus puntos son cuánto superó el listón la oferta aceptada, y una oferta por debajo cuesta una de tus tres vidas. El listón sube cada ronda hasta que ninguna oferta puede superarlo, así que la partida siempre acaba. Quedarte con lo primero que ves casi no puntúa, y esperar un monstruo hasta quedarte sin ofertas puntúa igual de poco: la política que funciona empieza alta y baja según menguan las ofertas. Tu puntuación es el margen total acumulado.

Consejos y estrategia

El número que hay que llevar en la cabeza es cuántas ofertas quedan, no lo bien que pintaba la última. Con nueve por venir, un 78 es una decepción: la probabilidad de que aparezca algo mejor es alta y rechazar solo te cuesta una extracción. Con una sola por venir, un 78 es un regalo. Mismo número, decisión opuesta, y lo único que cambió fue el recuento.

Por eso un mínimo personal fijo nunca acaba de funcionar. Ponlo en 90 y pasarás de las diez para quedarte con lo que llegue al final; ponlo en 65 y aceptarás una oferta mediocre en la segunda carta mientras un 95 espera dos lugares más atrás. Medido sobre miles de partidas, el mejor umbral fijo alcanza cerca del noventa y tres por ciento de lo que consigue uno deslizante: respetable, pero estás dejando valor sobre la mesa sin motivo.

Una regla práctica que aguanta: empieza por los ochenta y muchos y baja tres o cuatro puntos por cada oferta que pasa. Nueve por venir, espera un 87. Cinco, con 72 basta. Una, acepta lo que supere el listón. No es exacto, pero se acerca tanto que la diferencia es ruido.

El listón cambia el final de la partida más que el principio. Al comienzo está muy por debajo de lo que querrías igualmente, así que ignóralo y caza valor. Más tarde sube por encima de tu umbral cómodo, y la pregunta deja de ser cuánto puedes ganar y pasa a ser si puedes superarlo siquiera: en ese punto acepta la primera oferta que cruce la línea, porque una vida vale más que cualquier margen que puedas exprimir de una ronda.