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Puja Cerrada

Puja Cerrada

Puja por un lote que solo ves a medias. Ganar suele ser mala noticia sobre tus cartas.

Cómo jugar

Cada lote son ocho cartas boca abajo y vale la suma de las ocho. A ti te enseñan algunas y a tu rival le enseñan otras distintas. Cada uno escribe una única puja cerrada, y la más alta se lleva el lote pagando exactamente lo que escribió; el beneficio es el valor real del lote menos lo que pagaste. La trampa es que sueles superar al rival justamente cuando las cartas que te tocó ver eran las altas, así que el lote suele valer menos de lo que sugería tu muestra: puja tu estimación y sangrarás dinero, puja muy por debajo y no ganarás nada nunca. Cada ronda se cobra una cuota que crece sin límite, así que quedarse al margen tampoco es una opción. Tu puntuación es la mayor cantidad que llegaste a tener por encima de tus fondos iniciales.

Consejos y estrategia

Empieza por la aritmética. Las ocho cartas van del uno al nueve, así que una carta no vista vale cinco de media y el lote entero promedia cuarenta. Suma lo que ves y añade cinco por cada carta que no ves, y tendrás la estimación honesta que el juego te entrega. Ese número no es tu puja. Es el número desde el que rebajas.

¿Por qué rebajar, si la estimación es insesgada? Porque solo es insesgada sobre todos los lotes, incluidos todos los que pierdes. Quédate solo con los lotes que de hecho ganas y el cuadro cambia: ganas cuando tu muestra salió alta, que es exactamente cuando tu estimación se pasa. Esa selección es toda la trampa, y por eso quien escribe su estimación honesta acaba perdiendo dinero en un juego donde cada estimación era justa.

En la práctica, quita algo así como un quince por ciento. Muy poco y compras lotes que nunca valieron la pena; demasiado y te quedas fuera ronda tras ronda mientras la cuota te devora. La rebaja tampoco debe ser un hábito fijo: cuando ves cuatro cartas tu estimación es más sólida y merece menos descuento que cuando solo ves dos, y el juego te enseña menos cartas según subes.

Por último, vigila la línea de la cuota más que las cartas. Al principio la cuota es calderilla y casi cualquier puja sensata da beneficio. Más tarde crece por encima de lo que un lote típico puede devolver, y a partir de ahí cada ronda es una pérdida lenta por bien que pujes: la partida se está acabando y tu puntuación ya está fijada. Por lo que de verdad juegas es por la altura del montón que construyes en las rondas centrales, antes de que la cuota alcance a los lotes.