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Sigilo

Sigilo

Cruza sin terminar un turno en la línea de visión de un guardia. Cada nivel está hecho para que tengas que quedarte quieto al menos una vez.

Cómo jugar

Empiezas en una esquina y debes llegar a la salida verde de la opuesta. La clave es el tiempo: después de cada movimiento tuyo, cada guardia avanza una casilla por su ronda y luego mira tres casillas al frente. Si estás en alguna de esas casillas cuando los guardias han terminado de moverse, te ven.

Toca una flecha para avanzar una casilla, o ESPERAR para gastar un turno sin moverte. Esperar es una jugada de pleno derecho y a menudo la única correcta: el sombreado rojo muestra lo que ven ahora mismo, pero habrán cambiado de sitio cuando tu paso se resuelva, así que importa hacia dónde va una ronda, no dónde está.

Los muros cortan el paso y también la vista, y eso es lo que hace que los niveles funcionen. Un pasillo letal mientras un guardia lo enfila queda del todo seguro en cuanto el guardia gira al final de su recorrido, y un vano tras un muro se cruza aunque el guardia esté a dos casillas.

Cada nivel se genera y luego se comprueba dos veces con un solucionador: una para confirmar que se puede escapar, y otra con la espera prohibida para confirmar que no se puede. Solo se usan los niveles que fallan la segunda comprobación, así que nunca te piden resolver un laberinto que solo parece un puzle de sigilo.

Si te ven vuelves a la esquina inicial, pero el nivel y el reloj siguen igual, así que tu puntuación es el tiempo total de escape con todos los errores incluidos.

Consejos y estrategia

Lee las rondas como horarios, no como obstáculos. Cada guardia recorre un tramo recto fijo y da la vuelta en los extremos, así que su posición se repite en un ciclo corto: normalmente cuatro, seis u ocho turnos. En cuanto hayas visto una vuelta completa sabes exactamente en qué turno estará en cada casilla, y el nivel deja de ser esquivar y pasa a ser aritmética.

La casilla más útil del tablero es la que queda justo detrás de un guardia. Una ronda solo mira hacia donde camina, así que el espacio que acaba de dejar es el lugar más seguro del mapa durante los siguientes turnos. En vez de correr para adelantar a un guardia, suele ser más rápido meterte en su estela y avanzar detrás de él.

Vigila el giro del final del recorrido. Es el único momento en que la línea de visión de un guardia gira ciento ochenta grados, y ahí es donde casi todos los niveles esconden la solución: un pasillo cubierto durante seis turnos seguidos se abre exactamente uno. Si no encuentras camino seguro, busca la casilla que ahora es peligrosa pero quedará a espaldas del guardia tras su siguiente paso.

Cuando dudes, espera en vez de adivinar. Que te vean te cuesta todo el recorrido de vuelta, mientras que un turno perdido cuesta uno o dos segundos, y como los niveles están construidos para exigir espera de todos modos, quedarse quieto acierta mucho más a menudo de lo que sugiere el instinto. Muévete solo cuando puedas decir en qué turno estará libre la casilla a la que entras.