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Cancha abierta

Cancha abierta

Tenis de mesa que se decide por la colocación, no por el tiempo. Abre a tu rival y golpea a su espalda, pero cuanto más cerca de la línea, más fácil es fallar.

Cómo jugar

Toca cualquier punto de la mitad contraria para colocar tu golpe; la bola siempre pasa, así que lo único que importa es dónde. El círculo alrededor de tu rival muestra su alcance: si la bola cae fuera, el punto es tuyo. Apuntar cerca de una línea arriesga que tu propia bola salga fuera, larga o a la red. Quien acaba de correr mucho queda estirado: su círculo se encoge y su puntería se dispersa. Gana un partido a 11 y el siguiente rival alcanzará más y te dará menos tiempo para decidir. Pierde un partido y se acabó.

Consejos y estrategia

El hábito más útil es dejar de mirar la mesa y empezar a mirar el círculo. Todo lo que necesitas está ahí: dónde está el rival y cuánto puede cubrir todavía. Un golpe que sería un winner limpio contra un oponente centrado es una devolución rutinaria contra uno que acaba de recolocarse, y el círculo te dice en cuál de las dos situaciones estás antes de comprometerte.

Casi ningún punto se gana con el golpe que lo gana. Se gana con el anterior, el que arrastró al rival a una esquina y lo dejó estirado. Una bola segura, colocada a una distancia cómoda de él y bien dentro de las líneas, no te cuesta nada y encoge su círculo para el siguiente intercambio. Dos de esas seguidas y la tercera bola tiene una cancha abierta donde caer. Quien busca la línea siempre puntúa menos que quien construye una vez y remata a la segunda o tercera, porque el riesgo de la línea se multiplica cada vez que lo asumes.

La profundidad vale tanto como la anchura y sale mucho más barata. Todo el mundo se estira hacia las esquinas laterales, así que todo el mundo apunta ahí, y la línea lateral es el borde que más fácilmente te pasas. Una bola corta junto a la red suele quedar más lejos de un rival colocado al fondo que una bola al lado, y la red es un límite mucho más seguro para trabajar cerca. Alternar corta y profunda también le impide asentarse a una distancia.

Vigila también tu propio estado. Cuando acabas de correr, tu puntería se dispersa, y ese es justo el momento de jugar un objetivo grande y seguro por el centro en lugar de uno ambicioso. Dedica una bola a recuperarte, acepta que el peloteo sigue y vuelve a cazar en la siguiente. Y cuando el reloj se acorte en los partidos altos, decide dónde vas a golpear mientras la bola del rival aún viaja: la barra no está para agotarla, y una decisión apresurada en su último cuarto es la forma más habitual de que termine una buena racha.