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El clásico juego de bazas italiano. Captura por igual valor o por suma, y barre la mesa para un punto extra.
Toca una carta de tu mano y luego una carta de la mesa para capturarla. Si hay en la mesa una carta con el mismo valor que la tuya, debes tomar esa; si no, puedes llevarte cualquier grupo que sume el valor de tu carta. Si el grupo es único, basta tocar una de sus cartas. Si no puedes capturar nada, toca tu carta otra vez para dejarla en la mesa.
Dejar la mesa vacía con una captura es una escoba: un punto extra al instante. No cuenta en la última carta de la mano. Cuando se acaba el mazo, quien capturó por último se lleva lo que quede en la mesa.
Cada mano de cuarenta cartas se puntúa así: un punto por más cartas, uno por más oros, uno por el siete de oros, uno por la mejor primera, más cada escoba. Iguala o supera al rival y la racha continúa; tu puntuación es la suma de todos los puntos conseguidos.
La escoba se decide con cuatro premios pequeños, y no todos merecen la misma persecución. El siete de oros vale un punto entero por sí solo y no se puede repartir, así que si está en la mesa llévatelo aunque pierdas una captura mayor. Los oros son la siguiente prioridad: solo hay diez y con seis el punto ya es tuyo, de modo que un oro capturado vale más o menos como dos cartas corrientes.
La primera decide más manos de lo que parece. Compara tu mejor carta de cada palo, y el orden no es el numérico: el siete vale más, luego el seis, luego el as, mientras que el ocho, el nueve y el diez son las cartas más flojas de toda la baraja para este cómputo. Por eso se pelea el siete y el diez suele ser lo más cómodo de soltar.
Cuando no puedes capturar, estás eligiendo qué regalarle al rival. Evita dejar la mesa sumando diez o menos: con una sola carta se lo lleva todo y te saca una escoba. Soltar una carta alta, un ocho o un nueve, suele ser más seguro que una baja, porque las bajas se combinan con facilidad con lo que ya hay en la mesa.
Cuenta lo que ya ha salido. Hay exactamente cuatro cartas de cada valor, así que si han caído tres sietes el último ya no puede responderse con una carta igual. Al final de la mano recuerda que quien captura último se lleva todo lo que quede en la mesa: esa última captura vale mucho más que una carta suelta.